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El origen de los primeros vegetales

Por Olivier Cor – Director de Agronomía.
La aparición de los primeros vegetales en la Tierra es una historia de simbiosis planta/microorganismos. En la actualidad, se ha establecido la teoría de que las primeras plantas que vivían por entonces exclusivamente en los océanos, pudieron colonizar el medio terrestre gracias a su relación simbiótica con los hongos. Estas relaciones dieron lugar a las primeras simbiosis, llamadas micorrizas (asociación planta/hongo) Estas datan de hace más de 450 millones de años Strullu (1985); Smith & Read (2008).
Pero la historia no acaba con las micorrizas. Las bacterias, levaduras y hongos ya estaban presentes en la tierra firme cuando las plantas empezaron a desarrollarse y desde entonces, su historia está relacionada en profundidad. Esta colonización microbiana es tan antigua y está tan expandida que muchos mecanismos incluyen microorganismos en su desarrollo cotidiano, como la nutrición, el desarrollo o la inmunidad…
1 – Microorganismos: compañeros imprescindibles de las plantas
En agricultura, los microorganismos se han percibido durante mucho tiempo exclusivamente como agentes patógenos. Esta visión negativa ya está anticuada y el estudio de las comunidades microbianas asociadas a las plantas nos ha permitido revelar muchos microorganismos de interés agronómico. Presentes en la rizosfera (zona cercana a las raíces) y en la filosfera (partes situadas por encima del nivel del suelo), algunos también colonizan el interior de su huésped, conocidos entonces como endosféricos.
Los microorganismos rizosféricos interactúan con la planta a nivel de sus raíces.
Es aquí donde se encuentra la flora microbiana más rica y a nosotros nos gusta compararlo con nuestro intestino, donde también prolifera una flora tan imprescindible como fascinante. Como un intestino al revés, las raíces poseen pelos que absorben, cerca de los cuales encontramos importantes colonias microbianas. Son los exudados radiculares emitidos liberados específicamente por la planta que atraen y estimulan a estos microorganismos beneficiosos para ella. Algunas bacterias, por ejemplo, estimulan y/o protegen a la planta gracias a uno o varios mecanismos: excreción de fitohormonas en el medio, solubilización de elementos minerales bloqueados en el suelo, fijación del nitrógeno atmosférico, reducción del nivel de algunas enfermedades en el suelo (por competición o hiperparasitismo…). A estas bacterias se les denomina: Bacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR, por sus siglas en inglés). Es en este entorno donde encontramos también los hongos micorrícicos y otras levaduras.

La filosfera y la endosfera albergan también una microflora diversificada implicada en mecanismos de nutrición o de protección de la planta contra el estrés abiótico y/o biótico, así como la estimulación de las defensas naturales SDN.
Los microorganismos no son principios activos o fertilizantes en sentido literal; son verdaderos compañeros de los cultivos, que crean con ellos relaciones complejas, que van más allá de la función para los que se les selecciona. Acompañada de una vida microbiana diversificada, una planta forma por sí sola un verdadero ecosistema y, actualmente sabemos que, cuanto más complejo es este ecosistema, más posibilidad hay de resistir a los peligros exteriores.
2 – Diversidad que contribuye a la resistencia de las plantas
Aunque aparentemente estable, sabemos que un ecosistema no para de evolucionar y que es capaz de adaptarse a las modificaciones de su biotopo. Investigaciones recientes sobre la evolución del biotopo en las orillas del lago Miroir (Ceillac) en los Alpes, nos dan un ejemplo excelente con un análisis que se remonta más allá de la última glaciación. Este estudio muestra cómo, contra todo pronóstico, las plantas superiores han podido vivir cambios climáticos extremadamente duros, el autor habla de un oasis de vida mantenida en el espacio y el tiempo, gracias a la interdependencia y las interacciones de la inmensa variedad de organismos que viven en este biotopo (Leigh Van Valen (1973) y Ehrlich et Raven (1964)). Si esta resiliencia nos explica la importancia de la diversidad, nosotros puede que solo comprendamos una pequeña parte hoy en día.
3 – Y la agricultura en todo esto
Formando nuevos medios biológicos que presentan condiciones de vida homogéneas, biotopos, la agricultura ha transformado el conjunto de los equilibrios preexistentes. Esto, de forma casi instantánea a la medida del tiempo necesario para el establecimiento de un ecosistema estable (mínimo 50 años según IDDR) y ¡sin comparación con el tiempo necesario para el establecimiento de una simbiosis o de un mutualismo por coevolución que necesita, varios miles de años! En este contexto, es poco probable que las plantas agrícolas tengan oportunidad de volver a crear de manera natural un ecosistema microbiano óptimo.
La idea «clave» ilustrada por Lallemand Plant Care es investigar y después, proponer microorganismos de interés para los cultivos. Gracias a colaboradores científicos en todo el mundo, estudiamos los mecanismos subyacentes a las interacciones con los microrganismos y seleccionamos mediante cribado, cepas de interés agronómico. Nuestro objetivo es «completar» algunas funciones de la planta mediante su asociación con microorganismos clave en el ámbito de la nutrición y de la resistencia al estrés abiótico y biótico. Esto nos lleva a seleccionar, producir, formular, probar y homologar microorganismos que permiten inocular de manera artificial los cultivos.
Al asociar dos tipos de genéticas en el campo, deseamos crear un nuevo organismo híbrido (planta/microorganismos) ¡del que esperamos un efecto de heterosis!
Además de las posibles inoculaciones, consideramos que las rotaciones o sucesiones de plantas a nivel parcelario deben tomarse en cuenta en calidad de ecosistema variable a nivel anual o plurianual, pero coherente sobre un tiempo mayor y es en esta perspectiva desde donde imaginamos una acción sostenible y rentable de nuestras asociaciones plantas/microorganismos. Es uno de los puntos que diferencia fundamentalmente el uso de microorganismos en agricultura del uso de los insumos tradicionales.
Este procedimiento solo adquiere todo su valor económico y técnico si se asocia a un razonamiento de la fertilización (mineral y orgánica), de la rotación del trabajo del suelo…para exprimir al máximo los potenciales genéticos de la planta y del/de los microorganismos asociados.
4 – Conclusión
A pesar de los más de 450 millones de años de existencia de las relaciones simbióticas (o mutualistas) entre las plantas y los microorganismos, apenas empiezan a tomarse en cuenta por el hombre. En su libro JAMAIS SEUL, publicado en 2017, Marc-André Selosse, profesor en el Museo nacional de historia natural nos dice que «la noción de organismo, en el que una planta es un ente en sí mismo, ha sido muy útil en la historia de las ciencias: esta ha fundado nuestra visión de la fisiología. Aunque aplicaciones médicas o agronómicas hayan derivado de ella. Sin embargo, actualmente, es un enfoque obsoleto que se limita a conservar, ampliándola, la noción de organismo. Nuestra visión macroscópica ha forjado nuestra visión del mundo, pero hoy tenemos los medios de verlo con otros ojos».
Publicado 12 feb 2025 | Updated 17 jun 2026